De una carta del beato Junípero Serra, presbítero, al P. Francisco Serra, O.F.M., para que la leyera a sus padres. (Archivo de los PP. Capuchinos de Sarriá, Barcelona)

Siempre adelante, nunca retroceder

Amigo de mi corazón, me falta en ésta palabras, aunque me sobren afectos para despedirme y para repetiros la súplica del consuelo de mis padres, a quienes no dudo no les faltará su aflicción. Yo quisiera poder infundirles la gran alegría en que me encuentro, y pienso que me instarían a seguir adelante y no retroceder nunca. Deben advertir que el cargo de Predicador Apostólico, y máxime adjunto con el actual ejercicio, es lo más que ellos podían desear para verme bien establecido. Que su vida, como son ya tan viejos, es ya muy deleznable, y casi preciso que sea breve. Y si la saben comparar a la eternidad verán claramente que no puede ser más que un instante. Y siendo así, será muy del caso y muy conforme a la santísima voluntad de Dios que reparen poco en la poquísima ayuda que yo les pueda hacer en las conveniencias de esta vida para estar más cerca de ellos, como escaba antes, para consolarles, pero pensando también que lo primero es lo primero, y que antes que ninguna otra, lo primero es hacer la voluntad de Dios cumpliéndola; por amor de Dios los he dejado, y si yo por amor de Dios y con su gracia, tengo fuerza de voluntad para dejarlos, del caso será que también ellos, por amor de Dios, estén contentos al quedar privados de mi compañía. Que se hagan cargo de lo que sobre esto les dirá el confesor y verán que, en verdad, ahora les ha entrado Dios por su casa. Con santa paciencia y resignación ante la divina voluntad, poseerán sus almas, porque alcanzarán la vida eterna. Que no atribuyan a nadie, sino sólo a Dios Nuestro Señor, lo que lamentan, y verán cómo les será suave su yugo y se les mudará en gran consuelo lo que ahora tal vez padecen como una aflicción.

No es hora ya de alterarse ni afligirse por ninguna cosa de esta vida, y sí de conformarse en un todo con la voluntad de Dios, procurando prepararse para bien morir, que es lo único que importa de cuantas cosas pueda haber en esta vida, pues alcanzando aquella, poco importa que se pierda todo lo demás; y si no se alcanza, nada aprovecha todo lo demás. Que se alegren de tener un sacerdote, aunque malo y pecador, que todos los días, en el Santo Sacrificio de la Misa, ruega por ellos con todas sus fuerzas y muchísimos días aplica por ellos solamente la Misa, porque el Señor los asista, porque no les falte lo necesario para el sustento, les dé paciencia en los trabajos, resignación a su santa voluntad, paz y unión con todo el mundo, valor para resistir a las tentaciones del demonio y, finalmente, cuando convenga, una muerte lúcida y en su santa gracia.

Si yo, con la ayuda de la gracia de Dios, llegase a ser un buen religioso, serían más eficaces mis oraciones y no serían ellos poco interesados en esta ganancia. Recuerdo que mi padre, cuando tuvo aquella enfermedad, tan grave que lo extrema unciaron, y yo, que ya era religioso, lo asistía, pensando que ya se moria, estando él y yo a solas, me dijo: «Hijo mío, lo que te encargo es que seas un buen religioso del Padre San Francisco». Pues, padre mío, sabed que tengo aquellas palabras tan presentes como si en este mismo instante las oyera de vuestra boca. Y sabed también que para procurar ser un buen religioso emprendí este camino.

No estéis afligidos porque yo haga vuestra voluntad, que es también la voluntad de Dios. De mi madre sé también que nunca se descuidó de encomendarme a Dios con el mismo cariño para que yo fuese un buen religioso. Pues, madre mía, si tal vez por vuestras oraciones Dios me ha puesto en este camino, estad contenta de lo que Dios dispone y decid siempre en todos los trabajos: «Bendito sea Dios y hágase su santa voluntad».

Responsorio  1 C9, 16-17;Gal 1, 15-16

R. Yo no puedo gloriarme de anunciar el Evangelio. * Para mí es un encargo que he recibido de Dios.
V. Dios me escogió desde las entrañas de mi madre y me llamó por su gracia para que yo anunciara a su Hijo. * Para mí es un encargo que he recibido de Dios.

Oración

Oh Dios, por tu inefable misericordia, has querido agregar a tu Iglesia a muchos pueblos de América por medio del Beato Junípero Serra; concédenos por su intercesión, que nuestros corazones estén unidos a ti en la caridad, de tal manera que podamos llevar ante los hombres, siempre y en todas partes, la imagen de tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.